María Bolena nació probablemente en Blickling Hall (Rochford) aunque también puede que naciera en el Castillo de Hever (Kent). No hay pruebas que permitan concretar con seguridad la fecha de su nacimiento, pero se sabe con seguridad que fue entre 1499 y 1508. La mayoría de los historiadores se inclinan más por la posibilidad de 1499. Hay pruebas documentales que sugieren que era además la mayor de los tres hermanos de esta familia. La prueba sugiere que los miembros de la familia Bolena que sobrevivieron creían que María había sido la mayor. En 1597, su nieto, Lord Hunsdon, reclamó el título de conde de Ormonde, por ser el legítimo heredero de la familia Bolena. De acuerdo con las estrictas reglas de la herencia aristocrática, si Ana hubiese sido la hermana mayor, el título habría sido transferido a su hija, la reina Isabel. Los testimonios de la descendencia tanto de María como de Ana hacen suponer más fiable la tesis de que María era la mayor de las hermanas aunque algunos estudiosos creen lo contrario.
María era hermana de Ana Bolena, (ver Ana Bolena) por lo tanto hija de sir Thomas Boleyn y de su mujer, lady Elizabeth Howard.
María fue una de las amantes de Enrique VIII de Inglaterra y también, según se dice, de su rival, el rey Francisco I de Francia. Contrajo matrimonio en dos ocasiones.Hubo un momento en que se creyó que fue María la que comenzó su educación en el extranjero y estuvo un tiempo en compañía de la archiduquesa Margarita de Austria, pero ahora está claro que fue su hermana pequeña, Ana. María permaneció en Inglaterra la mayor parte de su infancia. No fue hasta 1514, cuando tenía aproximadamente 15 años, que fue enviada al extranjero. Su padre le aseguró una plaza como dama de honor de la hermana del rey, la princesa María Tudor, quien se trasladó a París para casarse con el rey Luis XII de Francia. Después de unas pocas semanas, a muchas de las damas de honor se les ordenó marcharse pero a María Bolena se le permitió quedarse, probablemente por los contactos de su padre como embajador inglés..
María fue visitada en París por su padre, Sir Thomas y su hermana, Ana, que había estado el último año estudiando en Holanda. Mientras servía en Francia, María supuestamente se convirtió en amante del rey Francisco I, quien años después la describió como "una gran puta, la más infame de todas". Cuando su relación con Francisco terminó, María se embarcó, supuestamente, en muchas relaciones amorosas, que tarde o temprano condujeron a su despido de la corte francesa y a su regreso a Inglaterra. Algunos historiadores se preguntan si estas historias sobre la promiscuidad de María se hubieran exagerado demasiado en la época, pero hay un acuerdo general en que fueron al menos en parte ciertas.
Se dijo que los padres de María y su hermana habían sido mortificados por sus actos y que se llevaron un gran alivio cuando pudieron llevarla de vuelta a Inglaterra en 1519. Se le dio el trabajo de dama de honor de la reina de Inglaterra, Catalina de Aragón, durante los últimos diez años de su matrimonio con Enrique VIII.
Un año después de su regreso a Inglaterra, María se casó con sir William Carey, el 4 de febrero de 1520, un cortesano adinerado y con buenos contactos, que había conseguido los favores del rey. Enrique VIII fue invitado a la ceremonia y probablemente poco después comenzó un romance con María, a quien su padre y su tío materno (Thomas Howard, el duque de Norfolk) utilizaron como un peón para obtener diversos honores. Esta confusión sobre cuándo comenzó su relación se debe a muchos factores. Primero, no se sabe cuanto duró el romance exactamente. Segundo, nunca fue hecho público y María no disfrutó del tipo de fama, riqueza y poder que tenían las amantes de reyes en países extranjeros (como Francia). Mientras estuvieron casados, María tuvo dos hijos, en 1524 nació Catalina, (que fue dama de honor de Ana de Cleves y Catalina Howard) y en 1526 Henry, Barón de Hunsdon. Durante su relación o poco después de haber finalizado, la leyenda establece que uno o los dos de los hijos de María habían sido engendrados por el rey. Sin embargo, hay pocas pruebas.
Un testigo notó semejanza entre un hijo de María y Enrique VIII, pero el testigo en cuestión era John Hales, vicario de Isleworth, quien diez años después del nacimiento del muchacho dijo que había conocido a un joven Señor Carey, de quien decían algunos monjes que era bastardo del rey. No hay ninguna otra prueba de que Henry Carey fuera hijo biológico del rey y una lectura de cerca a Letters and Papers (una colección de documentos de ese periodo) apuntan claramente que Henry nació en marzo de 1526, año en el que se cree que el romance ya había terminado.
Aunque se decía que María era más atractiva que su hermana, era Ana quien parecía ser más ambiciosa, más astuta y más culta. La Las dos hermanas no estaban particularmente unidas y Ana se movía en círculos sociales diferentes.
Un año después, cuando el marido de María falleció durante un "brote de sudores" (una fiebre), ésta le entregó a Ana Bolena el cuidado de su hijo, el joven Henry Carey. Era costumbre entre la aristocracia inglesa poner a los hijos de uno al cuidado de familiares más ricos, lo que era bastante necesario en el caso de María, pues su marido le había dejado al morir un número considerable de deudas que sólo su hermana podía sufragar. Ana consiguió que el hijo de María fuera educado en un respetable monasterio cisterciense. El padre de María no mostró intención alguna en ayudarla en los problemas financieros en los que su marido la había situado, pero Ana consiguió para ella una pensión anual de cien libras.
Cuando Ana fue a Calais con Enrique VIII en una visita de estado en 1532, María fue una de sus acompañantes. En 1534, María se casó en secreto con William Stafford, un plebeyo sin rango y pobres ganancias. Debido a estas características, los historiadores sospechan que fue un matrimonio por amor, ya que no había otra razón por la que ella se casaría con alguien de una clase social tan lejana a la suya. Cuando esto fue descubierto, la pareja fue desterrada de la corte por la misma reina Ana, su propia hermana. De esta unión nació un hijo de quien se cree que vivió de 1535 a 1545, y una hija, llamada Ana, algo que aún está abierto a especulación.
Sus circunstancias financieras llegaron a ser tan desesperantes que María se rebajó a rogarle a Thomas Cromwell que hablara con el rey en su favor. Enrique, sin embargo, fue indiferente a su plegaria. Entonces, María le pidió a Cromwell que hablara con su padre, con su tío y con su hermano, pero no consiguió nada.
Sorprendentemente, fue Ana quien se arrepintió primero. Le mandó a María una magnífica copa de oro y algo de dinero, pero aún seguía rehusando a que volviera a la corte. Esta reconciliación parcial fue la única que tuvieron las dos hermanas, ya que no se encontraron desde 1534 hasta la muerte de Ana en 1536.
La vida de María entre 1534 y la ejecución de su hermana, el 19 de mayo de 1536 es difícil de concretar. No visitó a su madre, ni a su hermana Ana cuando fue encarcelada en la Torre de Londres. Tampoco intentó visitar a su hermano George, ni hay pruebas de que les hubiese escrito. Como su tío, Thomas Howard, III duque de Norfolk, puede que María no quisiera ser relacionada con sus malogrados familiares para evitar más sucesos desgraciados.
María y su marido permanecieron en su retiro en Rochford, Essex. Tras la ejecución de Ana, su madre se fue de la corte real, muriendo aislada sólo un año después de la muerte de su hija. Sir Thomas, murió al año siguiente. Después de la muerte de sus padres, María heredó algunas de las propiedades de la familia Bolena en Essex. Se cree que vivió el resto de sus días en el anonimato y en relativa comodidad con su marido. Murió poco después de cumplir cuarenta años, a una edad relativamente joven incluso para los estándares de la época, el 19 de julio de 1543.
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lunes, 28 de enero de 2013
jueves, 17 de enero de 2013
Enfermedades de Enrique VIII
Por una de las cosas que es conocido nuestro rey protagonista es por su mezquindad, pero vamos a conocer las razones del por qué se le fue agraviando el carácter y era cada vez más vil y tirano.
En febrero de 1514, cuando tenía veintitrés años, se enfermó de viruela, aunque sin pústulas, y se recuperó por completo.
En 1521 Enrique sufrió el primer ataque de paludismo, una enfermedad muy común en el siglo XVI en Inglaterra, que, con intermitencias, aparecerá durante el resto de su vida.
En 1524, mientras participaba en una justa (para los que no conozcan este deporte, es un combate que se hacía entre dos individuos, a caballo y con lanza) contra el duque de Suffolk, sufrió un accidente al penetrar la punta de la lanza de su rival a través de la visera abierta de su casco. Enrique VIII sufrió un traumatismo craneal que le dejó como consecuencia una migraña.
El 17 de enero del fatídico año de 1536 (en el que muere Catalina de Aragón, y es decapitada Ana Bolena) Enrique VIII sufre otro accidente en una nueva justa, que le causó una profunda herida y un traumatismo craneoencefálico (que le mantuvo dos horas inconsciente). Se sospecha que el golpe pudo desencadenar algún trastorno orgánico cerebral, ya que a partir de entonces su temperamento es todavía más brutal. Por otra parte, seguían los dolores de cabeza y la patología ulcerosa en las piernas.
En mayo de 1538, a los cuarenta y siete años, se dice que estuvo un tiempo sin hablar con muy mal semblante, y su vida en gran peligro. El embajador francés Castillon asoció ese ataque con la cicatrización de la fístula en su pierna. Por esta razón se ha sugerido que Enrique sufrió una embolia pulmonar por un coágulo de una vena varicosa. La pérdida del habla, sin embargo, está más asociada con un posible ataque de apoplejía. A pesar de la gravedad, Enrique VIII se recuperó nuevamente.
También tuvo frecuentes ataques de artritis gotosa y una diabetes mellitus tipo II.
La hipótesis de que Enrique VIII hubiera padecido malaria se basa en que esta enfermedad era endémica en la Inglaterra de su época; nubes de mosquitos infestaban las abundantes aguas pantanosas que se extendían por toda la geografía. Según archivos históricos, el rey padecía brotes de fiebre recurrente, con escalofríos y cefalea.
De acuerdo con una investigación en marzo de 2011, el patrón de nacimientos de sus mujeres y su deterioro mental, sugiere que Enrique VIII era positivo en Kell y tenía el síndrome de McLeod. Ser portador del antígeno Kell es tener una proteína de los glóbulos rojos que aparece en una de quinientas personas. El síndrome de McLeod es una enfermedad hacía casi inviable que tuviera hijos varones y en general dificultaba enormemente que tuviera hijos sanos. Se trata de una alteración genética que puede llegar a afectar la sangre, el cerebro, el sistema nervioso periférico, músculo y corazón. No existe cura para esta enfermedad.
La conocida hipótesis sobre que sufría de sífilis fue difundida por primera vez unos cien años después de su muerte. Argumentos más recientes sobre esta posibilidad provienen de un mayor conocimiento de la enfermedad, que permiten suponer que Eduardo VI, María I de Inglaterra e Isabel I mostraron síntomas característicos de sífilis congénita. Eduardo murió en 1552, luego de una erupción en la piel que parecía tuberculosis sifilítica congénita. En resumen, tenemos la miopía de Isabel y María, más la presumible sordera de esta última y la base de su nariz achatada con una continua y maloliente secreción nasal; cualquiera de estos síntomas podría ser resultado de una sífilis congénita. Por último, tenemos la evidencia de los dos últimos casamientos de Enrique: si, como aseguran los historiadores, su política en este sentido era dictada por un profundo deseo de crear una rama fuerte de los Tudor, entonces se infiere que Enrique se volvió estéril o impotente cerca de los cuarenta años, lo que constituye un fuerte argumento a favor de la sífilis.
Aún así con todo esto Enrique vivió hasta los 56 años de edad. Todo un reto.
En febrero de 1514, cuando tenía veintitrés años, se enfermó de viruela, aunque sin pústulas, y se recuperó por completo.
En 1521 Enrique sufrió el primer ataque de paludismo, una enfermedad muy común en el siglo XVI en Inglaterra, que, con intermitencias, aparecerá durante el resto de su vida.
En 1524, mientras participaba en una justa (para los que no conozcan este deporte, es un combate que se hacía entre dos individuos, a caballo y con lanza) contra el duque de Suffolk, sufrió un accidente al penetrar la punta de la lanza de su rival a través de la visera abierta de su casco. Enrique VIII sufrió un traumatismo craneal que le dejó como consecuencia una migraña.
El 17 de enero del fatídico año de 1536 (en el que muere Catalina de Aragón, y es decapitada Ana Bolena) Enrique VIII sufre otro accidente en una nueva justa, que le causó una profunda herida y un traumatismo craneoencefálico (que le mantuvo dos horas inconsciente). Se sospecha que el golpe pudo desencadenar algún trastorno orgánico cerebral, ya que a partir de entonces su temperamento es todavía más brutal. Por otra parte, seguían los dolores de cabeza y la patología ulcerosa en las piernas.
En mayo de 1538, a los cuarenta y siete años, se dice que estuvo un tiempo sin hablar con muy mal semblante, y su vida en gran peligro. El embajador francés Castillon asoció ese ataque con la cicatrización de la fístula en su pierna. Por esta razón se ha sugerido que Enrique sufrió una embolia pulmonar por un coágulo de una vena varicosa. La pérdida del habla, sin embargo, está más asociada con un posible ataque de apoplejía. A pesar de la gravedad, Enrique VIII se recuperó nuevamente.
También tuvo frecuentes ataques de artritis gotosa y una diabetes mellitus tipo II.
La hipótesis de que Enrique VIII hubiera padecido malaria se basa en que esta enfermedad era endémica en la Inglaterra de su época; nubes de mosquitos infestaban las abundantes aguas pantanosas que se extendían por toda la geografía. Según archivos históricos, el rey padecía brotes de fiebre recurrente, con escalofríos y cefalea.
De acuerdo con una investigación en marzo de 2011, el patrón de nacimientos de sus mujeres y su deterioro mental, sugiere que Enrique VIII era positivo en Kell y tenía el síndrome de McLeod. Ser portador del antígeno Kell es tener una proteína de los glóbulos rojos que aparece en una de quinientas personas. El síndrome de McLeod es una enfermedad hacía casi inviable que tuviera hijos varones y en general dificultaba enormemente que tuviera hijos sanos. Se trata de una alteración genética que puede llegar a afectar la sangre, el cerebro, el sistema nervioso periférico, músculo y corazón. No existe cura para esta enfermedad.
La conocida hipótesis sobre que sufría de sífilis fue difundida por primera vez unos cien años después de su muerte. Argumentos más recientes sobre esta posibilidad provienen de un mayor conocimiento de la enfermedad, que permiten suponer que Eduardo VI, María I de Inglaterra e Isabel I mostraron síntomas característicos de sífilis congénita. Eduardo murió en 1552, luego de una erupción en la piel que parecía tuberculosis sifilítica congénita. En resumen, tenemos la miopía de Isabel y María, más la presumible sordera de esta última y la base de su nariz achatada con una continua y maloliente secreción nasal; cualquiera de estos síntomas podría ser resultado de una sífilis congénita. Por último, tenemos la evidencia de los dos últimos casamientos de Enrique: si, como aseguran los historiadores, su política en este sentido era dictada por un profundo deseo de crear una rama fuerte de los Tudor, entonces se infiere que Enrique se volvió estéril o impotente cerca de los cuarenta años, lo que constituye un fuerte argumento a favor de la sífilis.
Aún así con todo esto Enrique vivió hasta los 56 años de edad. Todo un reto.
Enrique VIII
Hemos conocido como los Tudor llegaron al trono, pero nos faltaba saber un poco más de uno de los monarcas más famosos de la historia. Se le conoce sobre todo por haberse casado seis veces y por ejercer el poder más absoluto entre todos los monarcas ingleses. Entre los hechos más notables de su reinado se incluye su ruptura con la Iglesia católica romana, y su establecimiento como cabeza de la Iglesia de Inglaterra (Iglesia Anglicana), la disolución de los monasterios, y la unión de Inglaterra con Gales.
Enrique VIII nació el 28 de junio de 1491 en el Palacio de Placentia en Greenwich. Fue el tercer hijo de Enrique VII y Isabel de York. Al morir su hermano Arturo, hereda la corona inglesa.
En 1493, fue designado condestable del castillo de Dover y Lord Warden "de las cinco puertas".
En 1494 fue nombrado Duque de York, y posteriormente comisario principal de Inglaterra y Lord teniente de Irlanda, mientras aún era un niño.
Posteriormente fue nombrado conde mariscal de Inglaterra y señor teniente de Irlanda.
Enrique recibió una educación de primera clase de importantes tutores y consiguió adquirir fluidez en el latín, francés y español.
Con once años, su madre, la reina Isabel de York falleció.
En 1501 asistió a la boda de su hermano mayor Arturo, heredero de la corona inglesa, con Catalina de Aragón, pero al año siguiente, tras sólo 20 semanas de matrimonio, Arturo muere de una infección lo que convierte a Enrique en Príncipe de Gales. Entonces, Enrique VII sigue interesado en sellar una alianza matrimonial entre Inglaterra y España, ofreciendo a Enrique, su segundo hijo, nuevo Príncipe de Gales y heredero al trono, en matrimonio a Catalina, quien alegó que su matrimonio con Arturo no había sido consumado. Con ello no hacía falta una dispensa papal pero preferirieron obtenerla para más seguridad. El Papa otorgó apresuradamente la dispensa mediante una Bula.
Enrique VIII ascendió al trono en 1509, tras la muerte de su padre. Desposó a Catalina de Aragón nueve semanas antes de su coronación en Greenwich, el 11 de junio de 1509.
Fueron coronados juntos en la Abadía de Westminster el 24 de junio de 1509.
La reina Catalina quedó embarazada al menos siete veces (por última vez en 1518), sólo uno de los vástagos, la princesa María, sobrevivió a la infancia. (Ver Catalina de Aragón)
Enrique tenía amantes, incluyendo a María Bolena y a Isabel Blount, con quien había tenido un hijo ilegítimo, Henry Fitzroy, primer duque de Richmond y Somerset.
En 1526, cuando tuvo claro que la reina Catalina no podría tener más niños, Enrique comenzó a perseguir a la hermana de María Bolena, (ver María Bolena) Ana (ver Ana Bolena) , con la que se encaprichó hasta acabar perdidamente enamorado de ella.
Enrique VIII quería divorciarse de Catalina para casarse con Ana Bolena, por lo que alegaba que su matrimonio no era válido al haber sido ésta previamente mujer de su hermano Arturo.
Por mucho que lo intentaron, sobre todo Thomas Wolsey (su Lord Canciller); el Papa Clemente, prisionero de Carlos V (que era sobrino de Catalina), negó la anulación y Enrique VIII decidió romper con Roma, aconsejado por Thomas Cranmer y Thomas Cromwell.
Enojado con el cardenal Wolsey por no conseguir la dispensa, Enrique lo despojó de su poder y riqueza. Lo acusó de traición pero Wolsey murió en el camino de regreso a Londres para afrontar las acusaciones.
En 1533 hizo que Cranmer (a quien había nombrado arzobispo de Canterbury) anulara su primer matrimonio y coronara reina a su amante Ana Bolena, dama de honor de Catalina, con quien se había casado en secreto. El papa Clemente VIII respondió con la excomunión del rey, a la que Enrique VIII opuso el cisma de la Iglesia de Inglaterra, aprobado por el Parlamento (Ley de Supremacía, 1534).
La Iglesia de Inglaterra quedó desligada de la obediencia de Roma y convertida en una Iglesia nacional independiente cuya cabeza era el propio rey, lo cual permitió a la Corona expropiar y vender el patrimonio de los monasterios; los católicos ingleses que permanecieron fieles a Roma fueron perseguidos como traidores (y ejecutado su principal exponente, Tomás Moro, en 1535).
La hija de Catalina, lady María, fue declarada ilegítima, y los descendientes de Ana pasaron a estar en la línea de sucesión real.
La publicación de cualquier escrito alegando que el matrimonio de Enrique con Ana era inválido, resultaba en un cargo de alta traición, que podía ser castigado con pena de muerte.
Catalian fue confinada sucesivamente en Ampthill, en Buckden y en el castillo de Kimbolton, donde murió el 7 de enero de 1536, a la edad de 50 años
En ese mismo año, la reina Ana comenzó a perder el favor de Enrique. Después del nacimiento de la princesa Isabel, Ana tuvo dos embarazos que terminaron en aborto o muerte del niño. Mientras tanto, Enrique empezaba a prestar atención a otra doncella de su corte, Jane Seymour.
Quizá animado por Thomas Cromwell, Enrique hizo arrestar a Ana, bajo cargos de usar brujería para convertirlo en su esposo, de tener relaciones adúlteras con cinco hombres, de incesto con su hermano Jorge Bolena, de injuriar al Rey y conspirar para asesinarlo, con el agravante de traición. Los cargos eran enteramente fabricados. La Corte que trató el caso fue presidida por el propio tío de Ana, Thomas Howard.
En mayo de 1536, se condenó a Ana y a su hermano a muerte por la hoguera o por decapitación, lo que el rey eligiera. Los otros cuatro hombres sobre los que se alegó tener relaciones con Ana, fueron condenados a ser colgados, ahogados y descuartizados.
Jorge Bolena fue decapitado al término del juicio de forma inmediata; a los otros cuatro implicados les fueron conmutadas sus diversas sentencias de muerte por la de decapitación. Ana también fue decapitada al poco tiempo.
Pocos días después de la ejecución de Ana, en 1536, Enrique VIII se casó con Jane Seymour.
El Acta de Sucesión de 1536 declaró a los hijos de la reina Jane dentro de la línea sucesoria, excluyendo a Lady María y a Lady Isabel.
Jane dio a luz a un hijo, el príncipe Eduardo en 1537, para luego morir dos semanas después.
Luego de la muerte de Jane, la corte entera guardó luto con Enrique por algún tiempo. El Rey la consideró siempre su «verdadera» esposa, al ser la única que le dio el heredero varón que tan desesperadamente soñaba.
Enrique decidió casarse una vez más para asegurarse un heredero varón. Thomas Cromwell sugirió a Ana de Cleves, hermana del duque de Cleves, protestante y un importante aliado en el caso de que Roma atacara a Inglaterra.
Hans Holbein el Joven fue enviado a Cleves para pintar un retrato de Ana para el Rey. Después de observar el favorecedor retrato, Enrique decidió desposarse con ella.
Enrique cuando la conoció no la encontró nada atractiva, llamándola en privado «la yegua de Flandes». Había sido retratada sin ningún signo de la viruela que afectaba su rostro. No obstante, Enrique la desposó el 6 de enero de 1540.
Poco después, sin embargo, Enrique deseó terminar el matrimonio, no sólo por sus sentimientos personales, sino por consideraciones políticas.
Ana testificó que el casamiento nunca había sido consumado, diciendo que Enrique iba a su habitación sólo para besarle la frente antes de dormir. El casamiento fue anulado basándose en que Ana había realizado previamente contratos nupciales con otros nobles europeos.
Ana recibió el título de «Hermana del rey» y se le otorgó el castillo de Hever, la ex residencia de la familia de Ana Bolena. Thomas Cromwell, mientras tanto, por haber impulsado el fallido matrimonio, perdió el favor real, cayó en desgracia y fue decapitado.
El 28 de julio de 1540, el mismo día en que Cromwell fue ejecutado, Enrique se casó con la joven Catalina Howard, prima de Ana Bolena.
Poco después del casamiento, la reina Catalina tuvo un romance con el mozo del rey, Thomas Culpeper. También había empleado a Francis Derham como secretario, con quien había estado informalmente relacionada antes del casamiento real.
Thomas Cranmer, obtuvo evidencias de las actividades de la reina e informó a Enrique quien autorizó a Cranmer a efectuar una investigación, de la que resultó la confirmación de las acusaciones.
Al ser interrogada, Catalina pudo haber admitido un compromiso previo con Derham pero en vez de ello dijo que Derham la obligó a establecer una relación adúltera. Derham, a su vez, expuso la relación entre la reina y Thomas Culpeper.
En diciembre de 1541, Culpeper y Derham fueron ejecutados. Catalina no fue condenada en juicio sino por un decreto de deshonra aprobado por el Parlamento.
El casamiento de Catalina fue anulado poco antes de su ejecución. Igual que en el caso de Ana Bolena, Catalina no podría ser culpada técnicamente de adulterio ya que el matrimonio resultó oficialmente nulo desde el origen. Nuevamente esta cuestión fue ignorada y Catalina fue ejecutada el 13 de febrero de 1542.
Enrique se casó en 1543 con su última esposa, la rica viuda Catalina Parr. La nueva reina discutió con Enrique sobre religión, ya que era calvinista mientras que el rey permanecía anglicano. Esta conducta podría haberle resultado peligrosa si no hubiera sido por sus muestras de sumisión. Ayudó a reconciliar a Enrique con sus dos primeras hijas, María e Isabel.
En 1544, un decreto parlamentario puso a ambas en la línea de sucesión tras el príncipe Eduardo, Duque de Cornualles, a pesar de ser consideradas ilegítimas.
Enrique VIII falleció el 28 de enero de 1547 en el palacio de Whitehall. Murió el día en que su padre habría cumplido noventa años. Fue sepultado en la Capilla de San Jorge, en el castillo de Windsor, al lado de su tercera esposa, Jane Seymour.
Enrique VIII nació el 28 de junio de 1491 en el Palacio de Placentia en Greenwich. Fue el tercer hijo de Enrique VII y Isabel de York. Al morir su hermano Arturo, hereda la corona inglesa.
En 1493, fue designado condestable del castillo de Dover y Lord Warden "de las cinco puertas".
En 1494 fue nombrado Duque de York, y posteriormente comisario principal de Inglaterra y Lord teniente de Irlanda, mientras aún era un niño.
Posteriormente fue nombrado conde mariscal de Inglaterra y señor teniente de Irlanda.
Enrique recibió una educación de primera clase de importantes tutores y consiguió adquirir fluidez en el latín, francés y español.
Con once años, su madre, la reina Isabel de York falleció.
En 1501 asistió a la boda de su hermano mayor Arturo, heredero de la corona inglesa, con Catalina de Aragón, pero al año siguiente, tras sólo 20 semanas de matrimonio, Arturo muere de una infección lo que convierte a Enrique en Príncipe de Gales. Entonces, Enrique VII sigue interesado en sellar una alianza matrimonial entre Inglaterra y España, ofreciendo a Enrique, su segundo hijo, nuevo Príncipe de Gales y heredero al trono, en matrimonio a Catalina, quien alegó que su matrimonio con Arturo no había sido consumado. Con ello no hacía falta una dispensa papal pero preferirieron obtenerla para más seguridad. El Papa otorgó apresuradamente la dispensa mediante una Bula.
Enrique VIII ascendió al trono en 1509, tras la muerte de su padre. Desposó a Catalina de Aragón nueve semanas antes de su coronación en Greenwich, el 11 de junio de 1509.
Fueron coronados juntos en la Abadía de Westminster el 24 de junio de 1509.
La reina Catalina quedó embarazada al menos siete veces (por última vez en 1518), sólo uno de los vástagos, la princesa María, sobrevivió a la infancia. (Ver Catalina de Aragón)
Enrique tenía amantes, incluyendo a María Bolena y a Isabel Blount, con quien había tenido un hijo ilegítimo, Henry Fitzroy, primer duque de Richmond y Somerset.
En 1526, cuando tuvo claro que la reina Catalina no podría tener más niños, Enrique comenzó a perseguir a la hermana de María Bolena, (ver María Bolena) Ana (ver Ana Bolena) , con la que se encaprichó hasta acabar perdidamente enamorado de ella.
Enrique VIII quería divorciarse de Catalina para casarse con Ana Bolena, por lo que alegaba que su matrimonio no era válido al haber sido ésta previamente mujer de su hermano Arturo.
Por mucho que lo intentaron, sobre todo Thomas Wolsey (su Lord Canciller); el Papa Clemente, prisionero de Carlos V (que era sobrino de Catalina), negó la anulación y Enrique VIII decidió romper con Roma, aconsejado por Thomas Cranmer y Thomas Cromwell.
Enojado con el cardenal Wolsey por no conseguir la dispensa, Enrique lo despojó de su poder y riqueza. Lo acusó de traición pero Wolsey murió en el camino de regreso a Londres para afrontar las acusaciones.
En 1533 hizo que Cranmer (a quien había nombrado arzobispo de Canterbury) anulara su primer matrimonio y coronara reina a su amante Ana Bolena, dama de honor de Catalina, con quien se había casado en secreto. El papa Clemente VIII respondió con la excomunión del rey, a la que Enrique VIII opuso el cisma de la Iglesia de Inglaterra, aprobado por el Parlamento (Ley de Supremacía, 1534).
La Iglesia de Inglaterra quedó desligada de la obediencia de Roma y convertida en una Iglesia nacional independiente cuya cabeza era el propio rey, lo cual permitió a la Corona expropiar y vender el patrimonio de los monasterios; los católicos ingleses que permanecieron fieles a Roma fueron perseguidos como traidores (y ejecutado su principal exponente, Tomás Moro, en 1535).
La hija de Catalina, lady María, fue declarada ilegítima, y los descendientes de Ana pasaron a estar en la línea de sucesión real.
La publicación de cualquier escrito alegando que el matrimonio de Enrique con Ana era inválido, resultaba en un cargo de alta traición, que podía ser castigado con pena de muerte.
Catalian fue confinada sucesivamente en Ampthill, en Buckden y en el castillo de Kimbolton, donde murió el 7 de enero de 1536, a la edad de 50 años
En ese mismo año, la reina Ana comenzó a perder el favor de Enrique. Después del nacimiento de la princesa Isabel, Ana tuvo dos embarazos que terminaron en aborto o muerte del niño. Mientras tanto, Enrique empezaba a prestar atención a otra doncella de su corte, Jane Seymour.
Quizá animado por Thomas Cromwell, Enrique hizo arrestar a Ana, bajo cargos de usar brujería para convertirlo en su esposo, de tener relaciones adúlteras con cinco hombres, de incesto con su hermano Jorge Bolena, de injuriar al Rey y conspirar para asesinarlo, con el agravante de traición. Los cargos eran enteramente fabricados. La Corte que trató el caso fue presidida por el propio tío de Ana, Thomas Howard.
En mayo de 1536, se condenó a Ana y a su hermano a muerte por la hoguera o por decapitación, lo que el rey eligiera. Los otros cuatro hombres sobre los que se alegó tener relaciones con Ana, fueron condenados a ser colgados, ahogados y descuartizados.
Jorge Bolena fue decapitado al término del juicio de forma inmediata; a los otros cuatro implicados les fueron conmutadas sus diversas sentencias de muerte por la de decapitación. Ana también fue decapitada al poco tiempo.
Pocos días después de la ejecución de Ana, en 1536, Enrique VIII se casó con Jane Seymour.
El Acta de Sucesión de 1536 declaró a los hijos de la reina Jane dentro de la línea sucesoria, excluyendo a Lady María y a Lady Isabel.
Jane dio a luz a un hijo, el príncipe Eduardo en 1537, para luego morir dos semanas después.
Luego de la muerte de Jane, la corte entera guardó luto con Enrique por algún tiempo. El Rey la consideró siempre su «verdadera» esposa, al ser la única que le dio el heredero varón que tan desesperadamente soñaba.
Enrique decidió casarse una vez más para asegurarse un heredero varón. Thomas Cromwell sugirió a Ana de Cleves, hermana del duque de Cleves, protestante y un importante aliado en el caso de que Roma atacara a Inglaterra.
Hans Holbein el Joven fue enviado a Cleves para pintar un retrato de Ana para el Rey. Después de observar el favorecedor retrato, Enrique decidió desposarse con ella.
Enrique cuando la conoció no la encontró nada atractiva, llamándola en privado «la yegua de Flandes». Había sido retratada sin ningún signo de la viruela que afectaba su rostro. No obstante, Enrique la desposó el 6 de enero de 1540.
Poco después, sin embargo, Enrique deseó terminar el matrimonio, no sólo por sus sentimientos personales, sino por consideraciones políticas.
Ana testificó que el casamiento nunca había sido consumado, diciendo que Enrique iba a su habitación sólo para besarle la frente antes de dormir. El casamiento fue anulado basándose en que Ana había realizado previamente contratos nupciales con otros nobles europeos.
Ana recibió el título de «Hermana del rey» y se le otorgó el castillo de Hever, la ex residencia de la familia de Ana Bolena. Thomas Cromwell, mientras tanto, por haber impulsado el fallido matrimonio, perdió el favor real, cayó en desgracia y fue decapitado.
El 28 de julio de 1540, el mismo día en que Cromwell fue ejecutado, Enrique se casó con la joven Catalina Howard, prima de Ana Bolena.
Poco después del casamiento, la reina Catalina tuvo un romance con el mozo del rey, Thomas Culpeper. También había empleado a Francis Derham como secretario, con quien había estado informalmente relacionada antes del casamiento real.
Thomas Cranmer, obtuvo evidencias de las actividades de la reina e informó a Enrique quien autorizó a Cranmer a efectuar una investigación, de la que resultó la confirmación de las acusaciones.
Al ser interrogada, Catalina pudo haber admitido un compromiso previo con Derham pero en vez de ello dijo que Derham la obligó a establecer una relación adúltera. Derham, a su vez, expuso la relación entre la reina y Thomas Culpeper.
En diciembre de 1541, Culpeper y Derham fueron ejecutados. Catalina no fue condenada en juicio sino por un decreto de deshonra aprobado por el Parlamento.
El casamiento de Catalina fue anulado poco antes de su ejecución. Igual que en el caso de Ana Bolena, Catalina no podría ser culpada técnicamente de adulterio ya que el matrimonio resultó oficialmente nulo desde el origen. Nuevamente esta cuestión fue ignorada y Catalina fue ejecutada el 13 de febrero de 1542.
Enrique se casó en 1543 con su última esposa, la rica viuda Catalina Parr. La nueva reina discutió con Enrique sobre religión, ya que era calvinista mientras que el rey permanecía anglicano. Esta conducta podría haberle resultado peligrosa si no hubiera sido por sus muestras de sumisión. Ayudó a reconciliar a Enrique con sus dos primeras hijas, María e Isabel.
En 1544, un decreto parlamentario puso a ambas en la línea de sucesión tras el príncipe Eduardo, Duque de Cornualles, a pesar de ser consideradas ilegítimas.
Enrique VIII falleció el 28 de enero de 1547 en el palacio de Whitehall. Murió el día en que su padre habría cumplido noventa años. Fue sepultado en la Capilla de San Jorge, en el castillo de Windsor, al lado de su tercera esposa, Jane Seymour.
miércoles, 16 de enero de 2013
La glotonería de Enrique VIII
Ya hemos conocido un poquito la forma de alimentarse en la época de Enrique VIII, incluso hemos podido ver alguna de sus recetas. Pero ahora vamos a conocer más a fondo como afrontaba el rey una de sus mayores pasiones: comer.
Enrique VIII de Inglaterra ha pasado a la historia por haber sido uno de los monarcas más glotones que se conocen. Los retratos de él no han podido ocultar la desenfrenada gula de un hombre que nunca bajó de los 100 Kgs. de peso.
Enrique VIII padeció un accidente en el curso de una justa en el 1536, que le provocó la reapertura de una anterior herida sufrida en una cacería y le incapacitó para hacer ejercicio físico que tanto le gustaba, lo que también influyó en su obesidad.
Por culpa de los dolores atroces que sufría, centró su atención en la comida hasta niveles alarmantes. Con todo ello, la gordura se apoderó del monarca, hasta padecer obesidad mórbida, diabetes y gota.
El rey se vio pronto obligado a hacer uso de un bastón para poder caminar. Cuando ya no bastó el bastón, se tuvo que recurrir a inventos mecánicos para poder desplazar al monarca de un lado a otro, incluso para sacarlo de palacio a través de alguna que otra ventana ya que por algunas puertas no cabía, con ayuda de poleas y hombres forzudos, así como ara ensillarse en su montura.. La operación de fajarle el abdomen, requería del concurso de varios ayudas de cámara, dándose el caso de hacerlo mientras llevaba a cabo una de sus interminables desayunos.
A estos banquetes asitían como invitados algunos cortesanos, que acababan con el rey bajo las mesas, ebrios y ahítos hasta perder el sentido.
El rey comía en cualquier lugar, y adquirió el hábito de lavarse las manos con agua perfumada antes de llevarse los alimentos a la boca, lo que fue muy admirado por sus súbditos.
El monarca Tudor no reparaba en los peligros del exceso de comida hasta que, hinchado y jadeante, se dejaba caer en su lecho especialmente reforzado.
Pero incluso la glotonería de Enrique VIII fue puesta a prueba durante un banquete celebrado en Hampton Court, su palacio de las afueras de Londres, el día de Año Nuevo de 1541. Para conmemorar su matrimonio con Catalina Howard, la quinta de sus seis mujeres, el soberano ordenó a los cocineros y sirvientes que preparasen un banquete compuesto de 60 platos diferentes.
Excepto las fresas, a las que eran un gran aficionado, Enrique VIII no tomaba frutas, verduras ni hortalizas...
Se bebía unos cinco litros de cerveza diarios. Y consumía 20 gramos al día de sal.
Los excesos cometidos en estos banquetes tuvieron consecuencias nefastas para la salud de Enrique VIII. Por recomendación de su médico, intentaba comer y beber menos, pero la tentación de la comida sabrosa era más fuerte que él.
Estudiando las diferentes armaduras reales confeccionadas a la medida de la humanidad del soberano (183 cm de estatura - la media británica entonces era de 165 cm), observaron que las empleadas en los primeros años de su reinado tenían 81 cm de cintura y 99 cm de pecho.
Enrique VIII de Inglaterra ha pasado a la historia por haber sido uno de los monarcas más glotones que se conocen. Los retratos de él no han podido ocultar la desenfrenada gula de un hombre que nunca bajó de los 100 Kgs. de peso.
El rey se vio pronto obligado a hacer uso de un bastón para poder caminar. Cuando ya no bastó el bastón, se tuvo que recurrir a inventos mecánicos para poder desplazar al monarca de un lado a otro, incluso para sacarlo de palacio a través de alguna que otra ventana ya que por algunas puertas no cabía, con ayuda de poleas y hombres forzudos, así como ara ensillarse en su montura.. La operación de fajarle el abdomen, requería del concurso de varios ayudas de cámara, dándose el caso de hacerlo mientras llevaba a cabo una de sus interminables desayunos.
A estos banquetes asitían como invitados algunos cortesanos, que acababan con el rey bajo las mesas, ebrios y ahítos hasta perder el sentido.
El rey comía en cualquier lugar, y adquirió el hábito de lavarse las manos con agua perfumada antes de llevarse los alimentos a la boca, lo que fue muy admirado por sus súbditos.
El monarca Tudor no reparaba en los peligros del exceso de comida hasta que, hinchado y jadeante, se dejaba caer en su lecho especialmente reforzado.
Pero incluso la glotonería de Enrique VIII fue puesta a prueba durante un banquete celebrado en Hampton Court, su palacio de las afueras de Londres, el día de Año Nuevo de 1541. Para conmemorar su matrimonio con Catalina Howard, la quinta de sus seis mujeres, el soberano ordenó a los cocineros y sirvientes que preparasen un banquete compuesto de 60 platos diferentes.
Excepto las fresas, a las que eran un gran aficionado, Enrique VIII no tomaba frutas, verduras ni hortalizas...
Se bebía unos cinco litros de cerveza diarios. Y consumía 20 gramos al día de sal.
Los excesos cometidos en estos banquetes tuvieron consecuencias nefastas para la salud de Enrique VIII. Por recomendación de su médico, intentaba comer y beber menos, pero la tentación de la comida sabrosa era más fuerte que él.
Estudiando las diferentes armaduras reales confeccionadas a la medida de la humanidad del soberano (183 cm de estatura - la media británica entonces era de 165 cm), observaron que las empleadas en los primeros años de su reinado tenían 81 cm de cintura y 99 cm de pecho.
Recordemos que en la actualidad, la circunferencia
abdominal se considera un valioso indicador del riesgo cardiovascular
de un individuo. Para los varones, lo recomendable es que se sitúe por debajo de
los 94 cm...
A partir de los 40 años, la estructura corporal de
Enrique VIII cambió progresivamente desde un cuerpo atlético a una
obesidad manifiestamente patológica. Continuando con la valoración de sus
armaduras, las últimas que pudo haber empleado medían 132 cm de cintura y 135 cm
de pecho. Antes de fallecer, llegó incluso a alcanzar los 137 cm de perímetro
abdominal...martes, 8 de enero de 2013
Comiendo con Enrique y sus cortesanos
Vamos a conocer un poco mejor la alimentación de la corte, pero también del pueblo llano, para ver las diferencias entre unos y otros. Cabe destacar que en la corte de Enrique VIII solía haber entre 600 y 1000 personas para cada comida.
Todos los días, los cocineros comenzaban su labor a las cinco de la mañana, lo primero que se hacía era el pan, el cual era para el día siguiente, ya que creían que comerlo recién hecho producía acidez de estómago. Algunas veces a la masa de pan se le añadía pasas, o frutos secos. Había tres tipos de pan: pan blanco, de trigo, integral o de centeno. La clase alta solía comer pan de trigo, y la clase baja de centeno o de cebada.
Preparaban la comida con productos recién cogidos de la huerta, frutos secos y naranjas (traídas de Sevilla). Se mataban y se preparaban los conejos, pavos, pollos, faisanes, venados, palomas, focas, grajos, pajarillos cantores, ternera, cerdo, cordero, pavo real... según el menú de cada día. De pescado comían sobre todo salmón traído desde Escocia, aunque también comían anguilas, pescadilla, acedías, bacalao, truchas y lucios. También comían mejillones, cangrejos, ostras, almejas y berberechos. Obviamente el pueblo tampoco podía disfrutar de tales alimentos.
Casi toda la comida se cocinaba con especias que traían desde Oriente, las cuales tenían un elevado precio, por lo tanto la clase baja carecía de ellas.
Antes de ir de caza a una hora muy temprana, el rey desayunaba un bollito, fiambre y cerveza. Y a las once de la mañana se hacía la comida principal. Los cocineros debían jurar su lealtad al rey en persona, por miedo a envenenamientos.
La mesa más alta se servía primero y luego se iba pasando cada plato a los otros invitados según su rango. A los que estaban sentados en las mesas más bajas les llegaban viandas más modestas, como por ejemplo morcillas o estofado de ciervo con judías. En algunos banquetes se condimentaban éstas con vinagre, miel, perejil, salvia, cebolla e hinojo.
La mesa se preparaba con gran esmero, los manteles eran blancos, todavía no existía el tenedor. De cubiertos sólo se ponía la cuchara. Se empleaba el cuchillo en la mesa, pero generalmente no se incluía con el plato ya que se esperaba que cada uno de los comensales llevara consigo uno.
Ya en la mesa las interminables bandejas repletas de comida eran llevados por parejas de hasta seis sirvientes.
Lo primero que se servía era el pan y el vino. El primer plato solía ser carne hecha a la brasa, a la que se le añadía un poco de aceite de romero, pollo asado con hinojos, pavo asado, o tarta dulce de carne rodeada de higos, o bien una ensalada adornada con naranjas, pétalos de rosas, o de caléndula.También para ocasiones más especiales se hacía pavo real, que se despellejaba, se cocinaba, y luego se volvía a poner la piel forrándolo, para dar impresión de que el pavo estaba vivo y crudo por lo tanto. Los vegetales apenas se comían en la corte, a diferencia del pueblo. El pueblo llano comía cocidos, en noviembre salaban un cerdo, el cual tenía que durarles todo el año, y si todavía disponían de él, le añadían un trozo de carne o panceta.
No se bebía agua, puesto que era poco saludable por su falta de higiene y era sustituido por la cerveza, incluso en menores. Se solían beber al año, unos 600.000 barriles de cerveza. También se tomaba vino, un vino medicinal que era obligado en cada mesa, se trataba de un vino de Burdeos, al que se le añadían granos de paraíso, pimienta larga y pimienta cubeba. Con miel, hacían vino de miel, puesto que había muchas colmenas, Inglaterra exportaba a Europa miel por su gran calidad. El pueblo bebía cerveza o leche. Café, té o chocolate sólo podían permitírselo los nobles o cortesanos.
Algo que le encantaba al rey era el queso, además se creía que el queso cocía la comida en el estómago, porque se taponaba el intestino, y al estar más tiempo en el estómago se cocía mejor. También se hacía mantequilla en las lecherías, y se metía en moldes con formas de animales para darle forma, solían añadirles caléndula para darle un toquen amarillento.
La comida principal solía durar tres horas, con un tiempo de descanso. En la segunda parte, se servían empanadas, rellenas de anchoas, o carne de los ciervos que cazaba el rey. También salmón relleno de puerros, o carne de venado con cebollas, ciruelas o vino tinto.
Uno de sus bocados preferidos era la carne de corzo, que los cocineros de palacio salaban, la dividían en cuartos, dos días antes de asarla.
La comida se servía sobre gruesas rodajas de pan rancio con huecos en el medio para absorber el jugo; estas rodajas no se comían, sino que se reunían para dárselas a los pobres después de la comida.
De media al año, en la corte de Enrique VIII, se comían 1.240 de Carne Vacuna, 8.200 ovejas, 2.330 ciervos, 760 corderos, 1.870 cerdos y 53 jabalís.
El postre preferido de Enrique VIII eran las tartaletas de las damas de honor, un pastelito de hojaldre relleno de crema y coco, o mermelada o requesón. Su nombre se lo dio el propio rey cuando una dama de honor de Catalina, lo estaba comiendo, y al preguntarle por su nombre, la dama se encogió de hombros. Se dice que la dama era Ana Bolena. También se tomaba de postre gelatina, hechas con cuernos de venado, pezuñas de vaca, y su color dependía de lo que se le agregara. En ocasiones, para darle un tono verdoso, mandaban a un niño que orinara en la mezcla. El azúcar se convirtió en el ingrediente de éxito, pero era muy costoso por lo que casi solo lo consumía la nobleza. Había problemas dentales en toda la corte. Se dice que Isabel I tuvo también dientes negros y podridos, debido a su aficción por este dulce. El azúcar más fino y blanco se conseguia de Madeira. Otro azúcar también prodigioso se conseguia del norte de África y de las Islas Canarias. El azúcar común era marrón, muy pegajoso y era bueno para preparar siropes y para marinar carne. En la corte también solían añadirle azúcar a la cerveza negra, a las salsas para carnes y pescados y para producir mazapán.Para los postres como flanes, galletas y pasteles también usaban grandes cantidades de azúcar.
Para finalizar la comida, se tomaba aguardiente. El aguardiento predilecto se llama Escobar, hecho con regaliz, sándalo rojo y láminas de oro; se tenía catorce días en maceración y se tomaba sin colar.
Todos los días, los cocineros comenzaban su labor a las cinco de la mañana, lo primero que se hacía era el pan, el cual era para el día siguiente, ya que creían que comerlo recién hecho producía acidez de estómago. Algunas veces a la masa de pan se le añadía pasas, o frutos secos. Había tres tipos de pan: pan blanco, de trigo, integral o de centeno. La clase alta solía comer pan de trigo, y la clase baja de centeno o de cebada.
Preparaban la comida con productos recién cogidos de la huerta, frutos secos y naranjas (traídas de Sevilla). Se mataban y se preparaban los conejos, pavos, pollos, faisanes, venados, palomas, focas, grajos, pajarillos cantores, ternera, cerdo, cordero, pavo real... según el menú de cada día. De pescado comían sobre todo salmón traído desde Escocia, aunque también comían anguilas, pescadilla, acedías, bacalao, truchas y lucios. También comían mejillones, cangrejos, ostras, almejas y berberechos. Obviamente el pueblo tampoco podía disfrutar de tales alimentos.
Casi toda la comida se cocinaba con especias que traían desde Oriente, las cuales tenían un elevado precio, por lo tanto la clase baja carecía de ellas.
Antes de ir de caza a una hora muy temprana, el rey desayunaba un bollito, fiambre y cerveza. Y a las once de la mañana se hacía la comida principal. Los cocineros debían jurar su lealtad al rey en persona, por miedo a envenenamientos.
La mesa más alta se servía primero y luego se iba pasando cada plato a los otros invitados según su rango. A los que estaban sentados en las mesas más bajas les llegaban viandas más modestas, como por ejemplo morcillas o estofado de ciervo con judías. En algunos banquetes se condimentaban éstas con vinagre, miel, perejil, salvia, cebolla e hinojo.
La mesa se preparaba con gran esmero, los manteles eran blancos, todavía no existía el tenedor. De cubiertos sólo se ponía la cuchara. Se empleaba el cuchillo en la mesa, pero generalmente no se incluía con el plato ya que se esperaba que cada uno de los comensales llevara consigo uno.
Ya en la mesa las interminables bandejas repletas de comida eran llevados por parejas de hasta seis sirvientes.
Lo primero que se servía era el pan y el vino. El primer plato solía ser carne hecha a la brasa, a la que se le añadía un poco de aceite de romero, pollo asado con hinojos, pavo asado, o tarta dulce de carne rodeada de higos, o bien una ensalada adornada con naranjas, pétalos de rosas, o de caléndula.También para ocasiones más especiales se hacía pavo real, que se despellejaba, se cocinaba, y luego se volvía a poner la piel forrándolo, para dar impresión de que el pavo estaba vivo y crudo por lo tanto. Los vegetales apenas se comían en la corte, a diferencia del pueblo. El pueblo llano comía cocidos, en noviembre salaban un cerdo, el cual tenía que durarles todo el año, y si todavía disponían de él, le añadían un trozo de carne o panceta.
No se bebía agua, puesto que era poco saludable por su falta de higiene y era sustituido por la cerveza, incluso en menores. Se solían beber al año, unos 600.000 barriles de cerveza. También se tomaba vino, un vino medicinal que era obligado en cada mesa, se trataba de un vino de Burdeos, al que se le añadían granos de paraíso, pimienta larga y pimienta cubeba. Con miel, hacían vino de miel, puesto que había muchas colmenas, Inglaterra exportaba a Europa miel por su gran calidad. El pueblo bebía cerveza o leche. Café, té o chocolate sólo podían permitírselo los nobles o cortesanos.
Algo que le encantaba al rey era el queso, además se creía que el queso cocía la comida en el estómago, porque se taponaba el intestino, y al estar más tiempo en el estómago se cocía mejor. También se hacía mantequilla en las lecherías, y se metía en moldes con formas de animales para darle forma, solían añadirles caléndula para darle un toquen amarillento.
La comida principal solía durar tres horas, con un tiempo de descanso. En la segunda parte, se servían empanadas, rellenas de anchoas, o carne de los ciervos que cazaba el rey. También salmón relleno de puerros, o carne de venado con cebollas, ciruelas o vino tinto.
Uno de sus bocados preferidos era la carne de corzo, que los cocineros de palacio salaban, la dividían en cuartos, dos días antes de asarla.
La comida se servía sobre gruesas rodajas de pan rancio con huecos en el medio para absorber el jugo; estas rodajas no se comían, sino que se reunían para dárselas a los pobres después de la comida.
De media al año, en la corte de Enrique VIII, se comían 1.240 de Carne Vacuna, 8.200 ovejas, 2.330 ciervos, 760 corderos, 1.870 cerdos y 53 jabalís.
El postre preferido de Enrique VIII eran las tartaletas de las damas de honor, un pastelito de hojaldre relleno de crema y coco, o mermelada o requesón. Su nombre se lo dio el propio rey cuando una dama de honor de Catalina, lo estaba comiendo, y al preguntarle por su nombre, la dama se encogió de hombros. Se dice que la dama era Ana Bolena. También se tomaba de postre gelatina, hechas con cuernos de venado, pezuñas de vaca, y su color dependía de lo que se le agregara. En ocasiones, para darle un tono verdoso, mandaban a un niño que orinara en la mezcla. El azúcar se convirtió en el ingrediente de éxito, pero era muy costoso por lo que casi solo lo consumía la nobleza. Había problemas dentales en toda la corte. Se dice que Isabel I tuvo también dientes negros y podridos, debido a su aficción por este dulce. El azúcar más fino y blanco se conseguia de Madeira. Otro azúcar también prodigioso se conseguia del norte de África y de las Islas Canarias. El azúcar común era marrón, muy pegajoso y era bueno para preparar siropes y para marinar carne. En la corte también solían añadirle azúcar a la cerveza negra, a las salsas para carnes y pescados y para producir mazapán.Para los postres como flanes, galletas y pasteles también usaban grandes cantidades de azúcar.
Para finalizar la comida, se tomaba aguardiente. El aguardiento predilecto se llama Escobar, hecho con regaliz, sándalo rojo y láminas de oro; se tenía catorce días en maceración y se tomaba sin colar.
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